En Papúa, “las iglesias deben enfocarse en un ministerio misionero holístico”

“No hay tolerancia para los manifestantes y los perpetradores de actos anarquistas. Con respecto a Papúa, se han tomado medidas contra las personas que llevan a cabo estas acciones”, manifestaba este sábado, a través de las redes sociales, el presidente de Indonesia, Joko Widodo, en un clara referencia al movimiento de protestas latente en territorio papuano. 

Las manifestaciones han adquirido especial visibilidad durante este mes de agosto, a causa de diferentes episodios de enfrentamientos entre protestatarios y policía. Sin embargo, ya en 2017, el Movimiento Unido de Liberación de Papúa Occidental (ULMWP, por sus siglas en inglés) presentó 1,8 millones de firmas en apoyo de su autodeterminación a la alta comisionada de la ONU para los derechos humanos, Michelle Bachelet. 

“Queremos que Indonesia se vaya de nuestras tierras”, ha remarcado recientemente el líder del movimiento independentista papuano, Benny Wenda. “Instamos a Indonesia a salir de Papúa Occidental y liberar a todos los presos y las tierras de la gente”. Las últimas protestas, en las que al menos tres personas murieron el 29 de agosto, han tenido como respuesta de Yakarta el cierre del acceso a Internet en la isla, el despliegue de tropas en el territorio y la prohibición de nuevas manifestaciones. Pero, ¿es el de Papúa un conflicto estrictamente político?

EL RACISMO Y LA HUELLA COLONIALISTA

La isla de Nueva Guinea está dividida en dos mitades; al este, el estado independiente de Papúa Nueva Guinea, y al oeste, las provincias indonesias de Papúa Occidental y Papúa, territorio que se conoce como Tanah Papua. “Desde la concesión del estatus especial de autonomía a Papúa Occidental [ambas provincias] en 2001, hay un gran movimiento migratorio de personas del oeste de Indonesia, especialmente de javanesios, sundanesios, madureses y de gente del sur de la isla Célebes”, explica a Protestante Digital un misionero alemán que ha trabajado durante 25 años en Papúa pero que prefiere mantener su identidad en el anonimato. “Todos ellos son musulmanes”, dice. 

La llegada de población de otras islas a Papúa genera discordias si se tiene en cuenta la inmensidad social de este archipiélago, que quedó reunificado en un solo Estado después de la independencia de Holanda. De hecho, Protestante Digital ha tratado de hablar con la Comunidad de Iglesias e Instituciones Evangélicas de Indonesia (PGLII, por sus siglas en indonesio), pero no ha obtenido respuesta. “Indonesia consiste en más de 300 culturas y grupos étnicos. Debemos aprender a mantener la unidad de nuestra nación”, ha explicado brevemente un representante de la entidad, que también ha recordado que meses atrás se realizó un encuentro con cristianos indonesios de más de 500 ciudades para orar de cara a las elecciones presidenciales, celebradas en abril. “Es muy arriesgado proveer cualquier información ahora”, ha remarcado. 

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La cuestión racial ha sido una carta utilizada por el presidente Widodo durante el avivamiento del conflicto, en las últimas semanas. “He ordenado al jefe de la Policía que tome medidas legales contra la discriminación racial y étnica”, señalaba en las redes sociales, antes de conocerse la nueva prohibición de manifestarse en Papúa Occidental.

El racismo es un gran problema en Indonesia y los papuanos acostumbran a ser víctimas de insultos”, señala el misionero alemán, que afirma que la proporción de cristianos en el territorio, donde han sido mayoría desde la salida de los holandeses, se ha reducido a un 50-60% “a causa de las grandes migraciones”. “Cuando estuve por primera vez en Papúa había un 85% de cristianos”, señala. “El punto de partida de las recientes manifestaciones y disturbios son los insultos racistas de los indonesios del oeste contra estudiantes papuanos en Surabaya. Los papuanos, que son melanesios, es decir negros, fueron llamados ‘monos’. Esto ha provocado un movimiento solidario de protestas en solidaridad en diferentes ciudades de Java y también en Papúa. Al mismo tiempo, los papuanos han expresado sus emociones heridas y sus críticas por las condiciones de su territorio y lo que consideran una falta de desarrollo, bienestar y progreso de los derechos humanos”, apunta el misionero alemán. 

Manifestantes a favor de la independencia de Papúa Occidental. / ULMWP

LA PAPÚA CRISTIANA, ENTRE “CUESTIONES INTERIORES” Y EL DESARROLLO COLECTIVO

Con una mayoría, todavía persistente, de población cristiana, la libertad religiosa está garantizada en Papúa, dice el misionero alemán. “La llegada de los misioneros alemanes  Carl Williem Otto y John Gottlob Geissler, el 5 de febrero de 1855, está considerada un pilar de la historia papuana y el principio para la paz, la educación y la salud a través del evangelio”, asegura. 

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Sin embargo, a pesar de  una “fuerte presencia de iglesias cristianas” en el territorio, “hay una falta de enseñanza en un sentido holístico para cada aspecto de la vida”. “Los papuanos, en general, están atrasados en educación e infraestructuras en comparación con el resto de Indonesia, a causa de la situación geográfica e histórica, y las iglesias están erróneamente más centradas en las cuestiones internas”, lamenta el misionero alemán. 

LA RESPUESTA POLÍTICA DEBE ABORDAR EL RACISMO, EL DESARROLLO Y LA CONVIVENCIA

La violencia de las últimas semanas ha evidenciado un escenario compuesto por un gobierno endurecido ante las protestas, y que por el momento no está dispuesto a dar su brazo a torcer, y un movimiento independentista abocado a un discurso de ruptura definitiva. “La manifestaciones son comprensibles e importantes como una señal para Indonesia. Pero tristemente se han vuelto anárquicas, destruyendo edificios, causando el cierre de Internet y convirtiendo la situación de Papúa en insegura”, asegura el misionero alemán. “Además, el ULMWP ha intentado aprovechar el momento para alzar la bandera del independentismo”, reitera. 

Aunque reconoce que “el gobierno de Indonesia permanece estricto contra un referéndum”, y que éste no tendría “apoyo real en el extranjero”, esta experimentada voz sobre Papúa considera que tanto Yakarta como Jayapura [capital de Papúa] deben “gestionar y condenar seriamente el racismo”, trabajar para “un desarrollo más serio e intenso en todos los aspectos en Tanah Papua y ofrecer una solución para la convivencia pacífica entre religiones y tribus”. 

En cuanto a la iglesia papuana, que sigue formando parte de Indonesia, el país con mayor población musulmana en el mundo, afirma que “debe enfocarse en un ministerio misionero holístico, en cada aspecto de la vida”. 

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