“Debemos ver lo bueno, mientras reconocemos las deficiencias”, dicen los evangélicos de Zimbabue sobre Mugabe

A Robert Mugabe, unos le recordarán como el sanguinario dictador al que, en las década de 1980, no le tembló el pulso a la hora de aniquilar a unas 30.000 personas, disidentes marxistas y miembros del ZAPU (Unión del Pueblo Africano de Zimbabue) pertenecientes a la minoría étnica Ndebele. Y, a Robert Mugabe, otros le considerarán como uno de los grandes libertadores de Zimbabue, cuando el país aún se llamaba Rodesia y discriminaba abiertamente a la población negra por el simple hecho de serlo. 

Pero todos ellos coincidirán en que el nombre de Mugabe, sea para grata memoria o recuerdos aterradores, posee una asociación incuestionable con la historia de Zimbabue.  “Es con una gran tristeza que anuncio la muerte del padre fundador de Zimbabue y expresidente, Robert Mugabe”, ha señalado en redes sociales el actual presidente del país, Emmerson Mnangagwa, que en 2017 fue expulsado por Mugabe del cargo de vicepresidente, originando una crisis política que acabó con el ejército imponiendo el arresto domiciliario al mandatario y su posterior renuncia. “Su contribución a la historia de nuestro país y al continente nunca será olvidada”, ha remarcado Mnangagwa. 

Pero, ¿qué legado queda de uno de los últimos líderes independentistas africanos que quedaban con vida? ¿Qué queda de ese “icono de la liberación” y “panafricanista que dedicó su vida a la emancipación y el empoderamiento de su pueblo”, como ha asegurado Mnangagwa? 

UN ACTOR INOLVIDABLE EN LA LUCHA CONTRA EL COLONIALISMO

“La historia del expresidente de Zimbabue nunca podrá ser explicada en partes de forma selectiva”, ha asegurado a Protestante Digital el secretario general de la Comunidad Evangélica de Zimbabue, (EFZ, por sus siglas en inglés), Blessing Makwara. Como muchas otras voces en el país, coincide en el rápido desarrollo que mostró la Administración de Mugabe al principio de su gobierno, después de conseguir la independencia en 1980. “La gente vio que se conseguían grandes pasos en los servicios públicos, especialmente en materia social, con la construcción de numerosas escuelas para jóvenes y mayores y la proliferación de centros de salud a lo largo del país. La dignidad del pueblo fue restablecida al garantizar la libertad política y la independencia”, apunta Makwara. 

La insistencia en dotar al país de un sector público fuerte y bien considerado por la población, política propia de todo líder que se consideraba marxista o próximo a sus postulados económicos en la década de 1980, estaba acompañada de la credibilidad que el liderazgo del joven Mugabe de gafas de pasta con lentes cuadradas había conseguido en el proceso de independencia de Zimbabue y la lucha contra el apartheid que Ian Smith había implantado en Rodesia. “El liderazgo de Mugabe en la liberación de Zimbabue del colonialismo es parte del legado que no se puede socavar ni ser insignificante a la hora de escribir su epitafio. También demostró un compromiso para elevar la igualdad de los africanos a los mismos niveles que el resto del mundo, negando que África y su población tuviesen que desempeñar un segundo papel o ser subestimados”, expresa Makwara. 

Considerado el principal artífice de la independencia de Zimbabue, los primeros años de gobierno de Mugabe combinaron la represión y el desarrollo social. / Facebook President Robert Mugabe

El secretario general de la EFZ también recuerda al expresidente como alguien “talentoso en la oración y en la representación de los puntos de vista y los sentimientos de los zimbabuenses y del tercer mundo para desafiar todas las formas de colonialismo y opresión, especialmente de los pobres por parte de los ricos, de los africanos por parte de los Occidentales y los europeos, incluyendo a los estadounidenses y los británicos”. “Esto provocó que muchas políticas hostiles fueran lanzadas contra su persona, su gobierno y el pueblo de Zimbabue, de una forma u otra”, añade Makwara. 

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Parte de ese reto planteado a Occidente se materializó en una serie de expropiaciones en cadena sobre los terrenos de unos 4.000 propietarios y terratenientes blancos. Decisiones de este tipo, y sus represalias, sumergieron la economía de Zimbabue en una hiperinflación que alcanzó el 79.600.000.000% a finales de 2008, con el Banco de Reserva de Zimbabue emitiendo el famoso billete de cien trillones de dólares zimbabuenses, que al cambio equivalía a cuarenta centavos de los estadounidenses. 

MUGABE, A LA MANERA DE LOS REYES DE CRÓNICAS

La oración no es lo único que Makwara recuerda del expresidente, de tradición católica. “También personificó una crítica fundamental que la iglesia en Zimbabue ha mantenido,   que es la resistencia a la adulteración de las relaciones sexuales entre hombre y mujer, ya que la homosexualidad es aborrecible”, señala el secretario general de la EFZ.

“Al igual que vemos en la Biblia, en los libros de Jueces, Reyes y Crónicas, cada líder tiene unas narraciones buenas y feas”, señala Makwara. Y algunas de las feas, aparte de la represión contra Matabeleland y algunos de los métodos utilizados para implantar sus políticas, se concentran al final de su deslucida carrera política, como en la represión tras su derrota electoral de 2008 y la introducción de su esposa Grace en la directiva del partido, el ZANU-PF, que acabó ocasionando una ruptura del antiguo orden político mantenido hasta entonces.

EL DICTADOR DE ZIMBABUE

Su aferramiento al poder duró 37 años, convirtiéndolo en el presidente más longevo del mundo, con 93 años. La adversa situación económica y unas crecientes acusaciones de corrupción provocaron una pérdida progresiva de su legitimidad política a ojos de un sector importante de la población. 

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“En su liderazgo de 37 años, las disputas internas, los desacuerdos y la disidencia no fueron bien tolerados, como muestran episodios como el de Gukurahundi, operaciones como Murambatsvina y procesos electorales violentos en los que hubo una proporción significativa de asesinatos, arrestos, golpes, encarcelamientos y la salida del país de personas buscando asilo político en otros países. Lo que más duele es que estos episodios iban seguidos, a menudo, de amnistías, lo que significaba impunidad”, explica Makwara. 

Concentración en 2006 por parte de zimbabuenses en la diáspora, en Londres, pidiendo la detención de Mugabe por torturas y asesinatos. / Wikimedia Commons

“Además, la rendición de cuentas y la transparencia disminuyeron hasta su punto más débil, como lo demuestran las clasificaciones del país en el índice de corrupción y las recientes exposiciones de varios informes de los auditores generales sobre corrupción pública”, añade. 

LOS EVANGÉLICOS, ENTRE UNA VISIÓN CRÍTICA Y EL RECONOCIMIENTO DEL LEGADO DE MUGABE

Sin ánimo de situarse en ninguno de los dos polos que protagonizan el debate público estos días en Zimbabue, el secretario general de la EFZ señala que “como evangélicos debemos basar nuestra percepción de Mugabe en estos aspectos de su legado contrastados, controvertidos y contradictorios, decidiendo ver lo bueno mientras reconocemos las deficiencias”. “También, aplicando la gracia que cada uno querría recibir de Dios, tanto en la vida como en la muerte. En última instancia, el juez de Mugabe en su segmento de vida post-terrenal es Dios”, reitera Makwara. 

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