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Casi 12.000 personas desbordan el campo de refugiados de Lesbos

Casi 12.000 personas se encuentran en el campo de refugiados de Moria, en Lesbos (Grecia) y un amplio terreno alrededor, en lo que ya es una de las situaciones más críticas desde el inicio de la crisis en 2015.

“Hay una gran necesidad de voluntarios, aunque sea por unos días”, ha contado a Evangelical Focus Pau Abad, miembro de la ong GAiN España, que se encuentra sobre el terreno junto a un equipo de voluntarios. Han viajado a la isla griega para trabajar durante una semana en el sistema organizado por la plataforma EuroRelief.

En un campo completamente desbordado, con familias llegando cada día, son necesarios tanto la presencia física de voluntarios como materiales de higiene. Aunque Lesbos ya no está “de moda” en los medios, la situación es “desesperante”, explica.

Pau Abad, en Lesbos, septiembre de 2019.

Pregunta. ¿Los que habéis viajado estos días, ¿qué estáis haciendo en Lesbos?

Respuesta. Estamos ayudando básicamente con el alojamiento, proveer tiendas a las nuevas familias. Hacemos esto con EuroRelief, que es la ONG que se encarga del alojamiento y de otras funciones.

Aquí en el campo de Moria hay una situación caótica debido al gran número de personas que han ido llegando durante el verano. Hay una gran necesidad de voluntarios, aunque vengan sólo por unos días, para poder cubrir las labores del campo.

El campo está sobresaturado, y los que vienen por su cuenta sin familia, tienen que buscar un sitio en el suelo, porque simplemente no hay más espacio.

P. ¿Cuál es la cifra de personas en el campamento en estos momentos?

R. La cifra de personas en el campo de Moria va cambiando día a día, porque no deja de llegar gente. El gobierno griego, muy puntualmente, decide que algunos vayan a Atenas. Pero ahora mismo son casi 12.000 personas las que están en Lesbos, el campo se está desbordando y la parte exterior, que también acoge a familias en tiendas, es enorme. En marzo y abril, el número de personas en el campo estaban entre 5.000 y 6.000 personas. Es con el buen tiempo y el verano que la cantidad de refugiados ha llegado a la cifra actual.

Recordemos que el campo de refugiado de Moria está pensado para una capacidad de 3.000 personas. Así que estamos cuadruplicando la capacidad que inicialmente se pensó para este lugar, que no es más que una base militar griega.

Con la llegada de otoño, probablemente se reducirá el número de personas aquí, pero habrá más gente que el invierno pasado. Hemos tenido alguna noche que ha hecho más frío y ya hemos visto personas con tos, resfriadas. ACNUR y todas las organizaciones que estamos aquí intentaremos hacer lo posible para aliviar, pero en invierno esto puede volver a ser muy duro.

La mayoría de personas aquí son de Afganistán, pero hay otros que vienen de África, de Irán aún hay aún muchas personas,  y de Siria todavía hay familias, aunque ya no muchas. Las cifras se parecen mucho al 2015 [cuando la crisis estalló]. Los grupos que ha estado viniendo en los días y noches de este último mes han sido numerosos.

Hace cuatro días llegó un grupo de 450 personas en solo una noche, lo cual es una barbaridad. La media es de entre 100 y 200 personas que llegan cada noche, y eso que en septiembre en principio baja el número de personas que llegan a esta isla.

P. Habéis visto a muchos que viven y duermen fuera del campamento. ¿Cuáles son sus condiciones?

R. Moria tiene dos partes. La parte del campamento como tal, y después toda la parte de fuera, que son terrenos privados, campos de olivos que han cedido al gobierno griego; el gobierno a su vez ha dado la gestión a ONGs como EuroRelief.

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Dentro ya no hay espacio, y lo que nos dice gente que ha estado antes, es que hay dos o tres veces más el número de tiendas y refugios improvisados en la zona que está aquí fuera. Las condiciones, te las puedes imaginar…

Ayer tuvimos que dividir en tres partes una tienda que es para 8 personas, para alojar a tres familias diferentes, que sumaban juntas casi 20 personas. Eran dos familias afganas sunitas, y una familia iraní chiita [dos ramas opuestas en el Islam]. No podíamos hacer otra cosa. Están muy apretados y con ninguna intimidad.

A EuroRelief se le van acabando las tiendas, y es un problema grave. Reciben comida, productos de higiene y mantas para la noche, aunque no tantas como quisiéramos, y eso hace que la gente también se queje. Cuando hay previsión de lluvia o frío, no sabemos hasta qué punto lo que podemos ofrecer es suficiente.

Una de las tiendas provistas a familias en las afueras del campo de Moria. / Pau Abad

P. ¿Crees que Lesbos “ha pasado de moda” en los medios, y que la gente en Europa realmente no sabe ya lo que está sucediendo allí?

R. Es verdad que pasa de moda, y que la situación sigue siendo la misma. Sí es es verdad que en los últimos dos años se había reducido bastante el número de personas que llegaba, debido en parte por el acuerdo que había con Turquía, que controlaba más que no se pasara en barcos. Según nos explican expertos aquí, Turquía ha estado en una temporada electoral en el que el gobierno de Erdogan salió desfavorecido, en parte porque la situación de refugiados ha sido una causa de descontento allí. Así que pensamos que Turquía estaría buscando aflojar esa carga de refugiados en su país.

La realidad, sea como sea, es que durante verano se han producido llegadas masivas a Lesbos que no se recordaban desde 2015.

Teniendo en cuenta que el número se ha ido incrementando desde junio, sí me extraña que en ningún momento parece que haya salido en las noticias. Parece mentira que necesitamos la foto de un niño muerto en las costas de Turquía para sensibilizarnos.

Hace dos noches estaba en la zona de “nuevas llegadas”, distribuyendo mantas a quienes aún no tenían. Me encontré con un hombre que me explicó que acababa de perder a su bebé en el trayecto, desde Turquía. Me lo dijo con la voz rota y la mirada perdida. Después pude comprobar que efectivamente había sido así. Es una realidad muy dura, me imagino a este hombre, al que se le cayó el bebé al agua… y allí se quedó. No me imagino qué debe pasar por la cabeza de esta persona, y sí será capaz de explicárselo a su mujer, que se quedó en su país. ¿Cómo seguir adelante, sin esperanza, y con los planes truncados totalmente?

Sigue habiendo casos así, pero parece que todo haya caído en el olvido.

P. ¿Cómo ves el ánimo de las personas y las organizaciones que están trabajando en el campo?

R. Las organizaciones, como EuroRelief, están sobresaturadas. Por ejemplo, se están viendo obligadas a no ofrecer alojamiento a los hombres jóvenes o solteros que llegan, priorizando a las familias. Es una realidad bastante frustrante, tanto para las ONGs como para los voluntarios. Y eso que a las familias solo les ofrecemos una tienda y el dormir en el suelo. A parte de los productos de higiene y la comida que se reparte todos los días. Los recursos en el almacén se están agotando, porque no se esperaba este flujo de personas, y tan continuado.

En cuanto a las ONGs que trabajan en la parte médica, se producen colas enormes. Con la comida igual, hay colas 2 y 3 horas antes de que se vaya a repartir. Obviamente, es un caos para todos. No es que haya gente que se esté quedando sin nada, de momento, porque haya un esquema y unos procesos para cada persona que llega. Pero es evidente que las condiciones en las que se aloja a las personas y la calidad de los productos que se pueden dar, es mucho menor de lo que ha sido en los últimos años.

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P. Como cristiano, ¿cuáles son tus pensamientos y sentimientos al ver la situación de estas miles de personas en situación extrema?

R. Todos los días que he estado aquí he tenido el mismo sentimiento: Dios nos quiere aquí. Dios nos quiere de una forma especial en lugares como este. Pienso en la parábola del buen samaritano: en esa persona tirada en el suelo, no sólo físicamente sino también emocionalmente y quizás espiritualmente. Es una situación de desesperación y Jesús nos está diciendo que esta es nuestra mayor expresión de amor al prójimo. Obviamente hay muchas situaciones de injusticia y desigualdad en el mundo, pero la situación por la que están pasando estas personas en el campo de Moria es dramática y son personas que están literalmente tiradas en el suelo.

Por otra parte, me alegra que son bastantes las organizaciones cristianas y los trabajadores o voluntarios cristianos que nos estamos encontrando aquí. Esto me motiva al pensar que no estamos quietos.

Por último, pienso que es una oportunidad para que estas personas conozcan a Dios, una mayor esperanza. Por ejemplo, diría que el 80% de los que nos cruzamos en el campo son afganos, un país tan cerrado, con muy pocos cristianos. Allí la gente es difícil que conozca de Dios excepto si es por una revelación de Él, pero aquí ahora mismo tienen una oportunidad de contactar con personas cristianas y conocer el evangelio de una forma práctica y abierta. En ese sentido vuelve a ser un sentimiento de esperanza dentro de la desesperación.

Creo que Dios nos quiere aquí, y en otras situaciones como esta. Donde hay una necesidad tan grande, los cristianos no podemos estar ausentes.

P. ¿Cómo es posible involucrarse seriamente en ayudar a los refugiados en Lesbos?

R. Los productos comienzan a escasear incluso, y hay necesidad de que se manden nuevos contenedores de ayuda. GAiN va a seguir haciéndolo, desde sus oficinas en Europa y otras partes. En concreto, en España, vamos a comenzar una campaña de recogida de productos de higiene, como hicimos el año pasado. Comenzamos esta campaña en octubre, y coincide con esta gran necesidad que he podido ver in situ: aquí escasean y son urgentes.

También recogeremos dinero para financiar estos envíos, algo muy necesario en este momento. Animo a la gente que se quiera involucrar a hacerlo de estas dos formas. De hecho, el encontrar la financiación económica para enviar los containers a menudo es más complicado que encontrar comunidades, gente, iglesias, que se unan a dar productos.

Otra forma, obviamente, es involucrándose personalmente y viniendo aquí. Si no has venido, es difícil imaginar hasta qué punto los voluntarios aquí en Moria juegan un papel fundamental en lo que es el funcionamiento del campo, y más en situaciones así. Es otra forma en la que desde GAiN España podemos ayudar, enviando equipos de voluntarios. En otros países, como Holanda o Reino Unido, nuestra ong está enviando grupos prácticamente todos los meses. Así que podemos facilitar a las personas servir como voluntarios aquí.

Sí es un requisito bastante importante saber hablar inglés. Quien lea esto y tenga interés, que nos contacte. El sistema está creado para que se vayan haciendo rotaciones, y nada más llegar, el primer día ya estás involucrado con tareas. Animo a que las personas se involucren presencialmente y puedan ver con sus propios ojos cuál es la realidad aquí.