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Por qué debemos Cuidarnos de los Pastores que usan la frase: “No toquéis al Ungido de Dios”

Tal vez uno de los versos bíblicos más mal interpretados de la actualidad es el Salmo 105:15 que ha sido tergiversado por muchos para manipular y ganar cierta “inmunidad”. Seguramente muchos ya han oído este verso:

“No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas.”

¿Alguna vez se preguntaron qué significa este verso? Si lo han hecho, entonces permítanme compartir algo con ustedes.

Malas Enseñanzas

Tristemente, los que suelen malinterpretar este verso son ministros. ¿Por qué? Porque piensan que los convierte en “Intocables” tanto a ellos como a su predicación. En otras palabras, el rebaño nunca debe desafiar nada de lo que “el hombre de Dios” predica o hace.

Tristemente, estos hermanos, aunque amados, pueden olvidar que todos tenemos que rendir cuentas a Dios y no debemos enseñorearnos de nadie a quién Dios haya puesto bajo nuestro cuidado (1 Pedro 5:3).

Peor aún, los creyentes que caen ante estas enseñanzas terminan idolatrando a tales ministros. Ellos creen que el ministro siempre está en lo correcto y que nunca debería ser cuestionado. El seguidor pasa así esa mala enseñanza a otros que son sus amigos.

El Señor Jesús habló acerca de los líderes ciegos y sus seguidores ciegos muy claramente. En Lucas 6:39 leemos que el Señor dijo: “¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo?”

Tanto el líder como el seguidor, si siguen una interpretación tergiversada del Salmo 105:15, terminarán cayendo: El líder ante el pecado de orgullo, y el seguidor ante el pecado de idolatría.

Lo que significa realmente

Para que entendamos lo que significa el Salmo 105:15, debemos de leerlo en contexto. El Salmo 105 fue escrito por David, recordando la promesa de Dios a Abraham, y por lo tanto al pueblo de Dios.

Sabemos que, de acuerdo con el Antiguo Testamento, Dios le prometió a Abraham que haría de él un padre de muchas naciones. La Biblia recuerda que la promesa de Dios a Abraham se hizo realidad en la forma de Isaac, el cual tuvo a Jacob, de quién provino la nación de Israel.

Leemos en Éxodo y en otros libros cómo Israel se convirtió en esclavo en Egipto, cómo Dios liberó a su pueblo de la esclavitud, y cómo lo guió a la tierra prometida – la misma que había prometido a Abraham. Su viaje fue marcado por muchos desafíos y pruebas, pero el Señor estuvo con ellos como prometió.

Aquí es donde entra el Salmo 105:7-15:

“El es Jehová nuestro Dios;
En toda la tierra están sus juicios.
Se acordó para siempre de su pacto;
De la palabra que mandó para mil generaciones,
La cual concertó con Abraham,
Y de su juramento a Isaac.
La estableció a Jacob por decreto,
A Israel por pacto sempiterno,
Diciendo: A ti te daré la tierra de Canaán
Como porción de vuestra heredad.
Cuando ellos eran pocos en número,
Y forasteros en ella,
Y andaban de nación en nación,
De un reino a otro pueblo,
No consintió que nadie los agraviase,
Y por causa de ellos castigó a los reyes.
No toquéis, dijo, a mis ungidos,
Ni hagáis mal a mis profetas.”

De este pasaje leemos que cuando Dios habló de Sus “ungidos” y Sus “profetas”, que nadie debía tocarlos ni dañarlos, Él se estaba refiriendo a Su pueblo. De ninguna manera estaba especificando a un ministro o a un cristiano en particular. Él se refería a todos los que le pertenecían.

Con estas palabras Él quiso decirles a todos que no quiere que nadie toqué o lastimé a ninguno de Sus hijos, no simplemente a un pequeño grupo de “cristianos especiales”. Él estaba protegiendo a cada una de las personas llamadas por Su nombre, los cuales los siguen y creen en Él.

Así que, queridos amigos, dense cuenta que son importantes para Dios así como cualquier ministro lo es, aunque todos somos iguales ante Él, Dios nos dió libres que nos cuidaran. Amemoslos y no nos veamos a nosotros mismos como inferiores a ellos sino como hermanos en Cristo, caminando lado a lado en el Señor.

Fuente: Christian Today

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